Mi experiencia en una residencia de ancianos

Buenas gente

Estuve hace dos años, de voluntario en un centro de ancianos. En Pozuelo de Alarcón. Fue una experiencia totalmente gratificante. Me enteré por un amigo que me dijo que necesitaban gente para ayudar a los ancianos en un centro de la tercera edad. Yo al principio me lo pensé dos veces, pero al final accedí a ir.

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El primer día tenía bastante vergüenza, puesto que nunca había hecho algo igual. Accedí a las instalaciones de la residencia, era bastante grande y llena de zonas ajardinadas. Me atendió la dueña del centro, muy agradable y simpática. Me presenté y le dije que no tenía experiencia en absoluto. Me dejó claro que no se cobraba retribución alguna, pero yo ya le dije que venía mas o menos informado. Me dispuse a entrar en una sala bastante grande, en donde había unas veintisiete personas. Todos se me quedaron mirando, pero con esa mirada de cariño y bienestar que sientes.

Entré, e inmediatamente me dieron los buenos días. Me estuvieron haciendo muchísimas preguntas, como me llamaba, de donde era, que estudiaba o trabajaba y cuáles eran mis aficiones. Todos me preguntaban a la vez,  lman-1050528_960_720a verdad es que me sentía importante, nadie me había prestado tanta atención en mucho tiempo. Me dispuse asistir tres veces a la semana durante tres meses (aunque lo tuve que prolongar, hasta cinco meses mas, por el cariño que les había cogido), y así lo hice.

Al principio, me encomendaron que les leyese artículos de periódicos, pero veía que se dormían y se aburrían. Opté por la idea de contarles mi día a día, en definitiva mi vida. Mi comida favorita, donde conocí a mis amigos, mi familia, cuando me enfadaba o había tenido un mal día Etc. En cuanto lo hice, empezaron a prestarme bastante atención, se les veía muy interesados en saber todo de mí. Más adelante siempre les traía un aperitivo e incluso cava o vino, (con moderación claro) y les ponía la música que escuchaba y mis grupos favoritos (Todo música de Rock de los años setenta en adelante). Se ponían a bailar y disfrutaban bastante, con alegría y felicidad, llenos de vitalidad. Me planteaba como cosas tan simples, les llenaba plenamente, era lo que realmente me llamaba la atención.

De vez en cuando solía pasear con alguno de los ancianos, por los jardines de la residencia y me contaban de cuando eran jóvenes, como se enamoraron de sus parejas, la verdad es que veía que antes había valores, que ahora se han perdido a lo largo de los años. Como por ejemplo una anécdota que me contaron, cuando se hacían guateques e invitaban a amigos a pasar una buena tarde y noche antes e ir a la discoteca. Permanecían en casa de alguien con algo de bebida y sobre todo se quedaban charlando muchas veces hasta el amanecer.  Aphoto-256887_960_720prendía bastante, sobre todo de los consejos que me daban. Era fascinante e impactante lo sabios que eran, respecto a los tipos de consejos que me daban sobre la vida. Por ejemplo una señora me dijo que el día que me enamorase, no fuese por una cara bonita, si no por un corazón bondadoso. Que la belleza se deteriora con el paso del tiempo, pero que un corazón permanece igual o mejor. Esta maravillosa mujer que me había dado el consejo, su marido estaba con ella en la residencia.

Un buen día me enteré que su marido había fallecido, pero ella no lo sabía. Me dijeron que me diera un paseo con ella, y que de momento no se enterara la mujer del fallecimiento de su marido, por miedo a que se quedara en estado de shock o algo peor.

Me dí un paseo con la mujer, y ella misma fue la que no me paraba de decir, los años tan maravillosos que había pasado junto  a su marido, que había sido la mujer mas afortunada del mundo. Que había vivido una vida plena, al lado de la persona que mas quería en el mundo. Todo esto me lo decía mientras lloraba. Yo tenía bastante impotencia y me encontrawoodland-669737_960_720ba en una situación que no sabía como reaccionar, y que no había vivido nunca. La verdad es que era una situación que me apenó bastante.

Ya acabando mi jornada de voluntariado (puesto que tenía que terminar mis estudios y trabajar), me dispuse a despedirme de cada una de las tan maravillosas personas que había conocido. A día de hoy sigo acordándome de cada uno de ellos.

No faltaron lágrimas para la despedida, incluso yo me hacía el valiente no llorando, pero me puse bastante triste cuando abandoné la residencia.

Lo importante que es escuchar a tus abuelos, sus consejos, sus riñas, todo en general es algo que luego cuando nos faltan, acabamos echando de menos toda la vida.

Os pongo una frase de un poeta griego anónimo, que define la vejez:

-Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.

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¿Habéis estado de voluntarios en algún sitio?

¿Dónde y cómo fue vuestra experiencia?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. aarti a dice:

    He vivido por esa experiencia y sin duda es bonita y triste a la vez… y el amor que recibes no se puede medir!
    Me alegro que todavía existen gente como tu!

    Le gusta a 1 persona

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